La
Conferencia de Berlín, celebrada entre el
15 de Noviembre de 1884 y el 26 de Febrero de 1885 en la ciudad de
Berlín fue convocada por Francia y el
Reino Unido1 y organizada por el
Canciller de Alemania,
Otto von Bismarck, con el fin de resolver los problemas que planteaba la expansión colonial en
África y resolver su
repartición.
Tras la Conferencia, sólo un país africano conservó el derecho a preservar su independencia:
Etiopía. El denominado
Estado Libre del Congo tenía la calidad de
posesión personal del rey
Leopoldo II de Bélgica, mientras que
Marruecos mantenía una independencia puramente nominal pues se hallaba en la práctica bajo ocupación militar de
Francia y
España.
Liberia continuaba funcionando como un estado norteamericano en suelo africano.
Contexto
Entre 1874 y 1877 la expedición de
Henry Morton Stanley, patrocinada por
Leopoldo II de Bélgica, exploró la cuenca del
Río Congo; este suceso determinó que prácticamente todo el territorio de África fuese conocido y cartografiado detalladamente por los europeos, con lo cual no quedaron ya
zonas sin explorar en territorio africano. Como resultado, el interés de los países europeos en
África aumentó considerablemente, donde el nacionalismo y el
imperialismo influyeron para que diversos estados de
Europa enviaran expediciones científicas y militares a territorio africano con el doble fin de conocer las posibilidades de explotación económica e instalar guarniciones y puestos comerciales que asegurarse su presencia y control efectivo antes que otros competidores.
Leopoldo II de Bélgica había formado la
Asociación Internacional del Congo para explotar las riquezas de la cuenca de ese río, aunque manteniendo dicho territorio en forma de propiedad privada y sin que dicha zona se transformara aún en posesión de
Bélgica. Si bien esta Sociedad controlaba la desembocadura del río Congo,
Reino Unido y
Portugal deseaban evitar que esta área de control se extendiese. Por su parte,
Francia había logrado en 1881 tomar posesión de
Túnez, y en ese mismo año una expedición francesa dirigida por
Pierre de Brazza tomo posesión efectiva del
Congo Occidental a orillas del Océano Atlántico. Al año siguiente el
Reino Unido asumió por completo el gobierno de
Egipto (que estaba sujeto al
Imperio otomano sólo en teoría) y consiguió así los derechos de soberanía egipcia sobre
Sudán y el norte de
Somalia. En
1884 Francia aseguró su posesión de la costa de
Guinea, con lo cual resultaba evidente en Europa que la carrera por África debía ser regulada.
Participantes
A la Conferencia asistieron catorce países que pueden ser divididos en dos grupos, el primero agruparía a aquellos países con interés directo en los problemas relativos al reparto de África, estaba formado por
Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda,
Francia,
Imperio Alemán,
Portugal, la Asociación Internacional del Congo y en menor medida los
Países Bajos. El segundo grupo formado por el resto de los países participantes que no tenían grandes intereses por el continente e incluía al
Imperio austrohúngaro,
Bélgica,
Dinamarca,
Reino de Italia,
España,
Rusia,
Suecia,
Imperio Otomano y
Estados Unidos. Ningún estado africano estaba representado.
Los acuerdos
El rey de Bélgica, Leopoldo II, convenció hábilmente a los gobiernos de Francia y de Alemania que para los intereses de ambos países era necesario asegurar el libre comercio en África. Portugal era un país demasiado débil para proteger un imperio africano demasiado vasto, por lo cual sugirió una conferencia internacional para solucionar posibles conflictos entre las potencias europeas. Catorce Estados fueron convocados: El
Imperio Alemán, el
Imperio austrohúngaro,
Bélgica,
Dinamarca, el
Imperio otomano,
España,
Estados Unidos,
Francia,
Reino Unido,
Reino de Italia,
Países Bajos,
Portugal, el
Imperio ruso y
Suecia. Los Estados Unidos no llegaron a participar efectivamente en la Conferencia, la cual fue dominada por las grandes potencias europeas que ya habían manifestado interés en África (Reino Unido, Alemania, Francia) y tenían poderío suficiente para establecerse allí.
En la Conferencia se proclamó la libre navegación marítima y fluvial por los ríos
Congo y
Níger, se estableció la libertad de comercio en el centro del continente africano formado por la cuenca del río Congo, se acordó la prohibición de la esclavitud, y se estableció el derecho a reclamar una porción de la costa africana sólo si dicho territorio se ocupaba efectivamente y se comunicaba de este evento a otros estados.
Un elemento importante que fue pactado en la Conferencia fue reconocer como regla de
Derecho Internacional el principio de
uti possidetis iure, en tanto para que un estado europeo reclame derechos de
soberanía sobre un territorio africano debería de establecer previamente una real posesión sobre éste. Para acreditar esta posesión era preciso que la potencia europea reclamante hubiese suscrito un tratado con la población local y ejerciera actos efectivos de administración, o que hubiera establecido una ocupación militar permanente que bastase para asegurar su posesión, adquiriendo también el derecho a la explotación económica permanente. El objetivo era evitar que las naciones europeas reclamasen derechos sobre un territorio donde no tuviesen presencia alguna, lo cual generó una competencia desenfrenada de misiones comerciales, diplomáticas y militares enviadas por países de
Europa con el fin de tomar a la brevedad la mayor cantidad posible de territorio africano.
Consecuencias
El proceso de colonización se realizó siguiendo las grandes vías fluviales, como los territorios del
Níger, que fueron explorados entre los años
1788 y
1830; la cuenca del
Nilo y la región de los
Grandes Lagos Africanos, entre 1854 y 1859; el
Zambeze, entre 1841 y 1873.
La exploración del
río Congo motivó las rivalidades entre varios países, por lo que el canciller Bismarck actuó como árbitro en la Conferencia. Uno de los acuerdos fue reconocer la existencia del
Estado Libre del Congo (actualmente
República Democrática del Congo), bajo soberanía de la
Asociación Internacional del Congo y propiedad privada del rey de los belgas
Leopoldo II, y de un
Congo francés, ambos con salida al mar por el
Océano Atlántico.
Así, la costa mediterránea africana quedó en manos de
Francia y el
Reino Unido; la costa oriental se dividió entre los alemanes al sur y los británicos al norte. La costa occidental africana quedó en poder de los belgas, franceses y británicos. Los españoles se hicieron con el
Sáhara Occidental, los italianos consiguieron
Somalia y los portugueses extendieron o afianzaron su control sobre
Angola,
Cabo Verde y
Guinea-Bissau,
Santo Tomé y Príncipe y
Mozambique, mientras los alemanes obtienen
Namibia. Sin embargo, pronto estallaron conflictos entre los países europeos por la posesión de las zonas más estratégicas o más ricas, como en el caso de
Túnez,
Egipto y
Marruecos, enfrentando a
Italia con
Francia, luego al Reino Unido y Francia (
Incidente de Fachoda), y luego a
Alemania contra británicos y franceses.
La conferencia de Berlín está considerada por numerosos historiadores como el momento culminante que dio impulso al
colonialismo exacerbado, iniciado por
Francia y
Reino Unido en todo el mundo desde fines del
siglo XIX. Mientras tanto los conflictos que se pretendían solucionar con esta conferencia no hicieron sino agravarse en forma lenta pero continua, provocando unas tensiones territoriales, políticas y económicas entre las principales potencias europeas, las que desembocarían en el estallido de la
Primera Guerra Mundial en
1914.

emperador de los Otomanos